Presentes

A mis palabras en este inicio las acompañan muchas horas espejo (11:11 y todas sus variables, las he visto todas) y un fondo de pantalla de celular de mis dos abuelos. Decidi llevarlos conmigo en este nuevo camino de asumir - ser. 

Mi abuela materna era la madre que no tuve y nuestra relacion un cielo infinito de estrellas. Mi abuelo paterno era el abuelo gracioso y cariñoso que cocinaba pizza casera y nos saludaba a mi y a mi hermano desde la ventana siempre. Escribo de ellos porque no quiero permitirme olvidarlos jamás. Ellos existieron y aunque no se vean siguen existiendo. Sus muertes me rompieron el alma y todos estos años he tenido que fingir que no, así te enseñan en este mundo. Ambos, geminianos y ocurrentes como la nieta que aquí escribe. A ellos...

Abuela, me acuerdo de abrazarte con mucha fuerza cuando me decías muy triste que te ibas a morir pronto porque ya eras muy viejita y pedirte por favor que cuando te fueras me mandaras señales; me acuerdo de quedarnos dormidas abrazadas abajo del sol que entraba por la ventana, me acuerdo de ver novelas de la noche juntas y cuando yo llegaba a casa llamarte por teléfono para hablar de lo que había pasado, me acuerdo de ver los programas de chimentos juntas, me acuerdo de tu risa; de tu fanatismo por el chocolate y las frutillas, de tu plato de sopa infaltable; de nuestro taller de costura; de hacer las palabras cruzadas del diario juntas con el diccionario enorme al lado, hasta terminar pispeando las respuestas, rendidas; de buscar qué peli ver en la guía de Cablevision; de las bananas pisadas con azúcar, de hacerte las crucecitas en las ronchas de mosquitos; de no querer irme de tu casa nunca; de la alegría cuando llovía mucho y papá decidía llevarnos a tu casa en vez de al colegio: me esperaba el abuelo con una chocolatada y vos en la cama para seguir durmiendo. Recuerdo como me despertaba al mediodía, con el olor a tus bifecitos con tomate. Estoy sonriendo mucho al escribir esto. Qué vida me regalaste, abuela. ¿Cómo me vas a amar así? ¿Cómo se existe luego de ese amor? 
Hace poco te hablé a vos y a Cucù y al otro día, un policía en el trabajo me comentó casi sin que le pregunte su cumpleaños: 2 de junio; el tuyo, abuela. Gracias por tu señal, fue recibida. 

Y si de horas espejo, señales estamos hablando, el que nunca se ha callado es mi abuelo Cucù. Te fuiste antes de tiempo y tu historia conmigo no puede no contarse, abuelo. 

El último día que vi a Cucú fue en una clínica, visitando a mi abuela María antes de la pandemia. Un dolor intenso invadió mi panza repentinamente, yo no podía estar parada; así que mi tía me acompaño al ascensor para buscar un medico; me acuerdo como mi habla se apagó y unos pasos después me desvanecí. Ese fue el último día que te vi en persona, Cucu. Los médicos no encontraron ninguna razón de por qué me desmayé pero un tiempo después entendí que era mi cuerpo avisándome. Unos meses después, nos hallamos haciendo videollamada porque una pandemia nos separaba y yo estaba contagiada. Me acuerdo que me dijiste lo linda que estaba y como te gustaban mis aritos de perlas. Expulsabas tanta ternura, abuelito. Unos días antes de que yo me fuera de vacaciones con una amiga te descompusiste sin capacidad de mejora. Me fui igual y no paré de pensar en vos, pensaba que te ibas a ir durante mis vacaciones pero cuando volví, papá me buscó y me dijo que habías movido la mano. Al otro día, te fuiste. Esperaste, por alguna razón, a que yo volviera de mis vacaciones y estuviera en casa para irte. Cuando te despedimos, recuerdo caminar hacia adelante sin sentido alguno; mirando al cielo una mariposa se cruzó justo encima mío. El cura que te despedía era el cura que había casado a mis papas. 
Al otro día, partimos hacia San Pedro, ya que teníamos unas vacaciones amargas por delante. La ruta oscura, solo una luz brilló yendo a destino: la de una quiniela. No pude no decirle a papá: "Mira pa". Una leve y apagada sonrisa recuerdo ver en su rostro. Siempre le apostabas al 2, al 33 y al 14. 

Un tiempo después, recuerdo estarte llorando junto a mi novio del entonces. Te extrañaba tanto y le contaba a él de vos. Me dormí llorándote. Al día siguiente partíamos a una pileta y recuerdo perfecto como al lado mío, flotando, apareció un rosario igual a uno que te regalamos con Agustín. No sé donde lo dejé, pero me lo llevé conmigo siempre. Señal recibida. 

Y eso no es todo. En este último tiempo conocí un Pedro que se acercó a mí de una manera extrañísima justo después de pedirles a vos y a la abuela que me atrajeran gente buena: Pedro cumplía el 6 de junio, misma fecha que vos, Cucú (a Cucú yo le puse el nombre cuando tenía un año, vale aclarar. Y quedó).  

Quizás allí el nexo infinito que nos une eternamente y por el cual no puedo dejar de sentirte. 

Con ambos he soñado mucho y ambos me han abrazado tanto. Sólo les pido no dejen de hacerlo. 

Gracias a que sueño con ustedes es que aún me permito soñar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Na-siendo