Na-siendo

Un diciembre de 2014 escribí mi primera entrada en Blogger, tenía 13 años y desde entonces no comprendía tanto a los humanos ni me encontraba tanto en ellos como cuando agarraba el teclado de la computadora. Las letras: ellas siempre me han entendido y desde que las abandoné me han estado torturando en la cabeza, todo este tiempo, aunque también me han brindado muchas respuestas. Piden ser expulsadas de mi cerebro, me dicen que ya no pueden vivir solo allí. Por eso hoy, 10 años después, me encuentro acá, sentada en la misma cocina que en ese entonces, de la casa de mis padres, escribiendo. Tengo ya 23 años y han pasado muchas cosas. Pero de alguna manera (y qué manera...) sigo aquí, todo parece estar en quietud como cuando me quedaba hasta el amanecer redactando mi mundillo interno. La computadora ha cambiado. Los habitantes de mi casa, y de mi vida, también. Me rompieron el corazón, obvio; como cuando te duele cada músculo del cuerpo y más que ningún otro: el del pecho. Me mudé por arte de magia y volví a casa aterrizada en picada. Estoy enamorada hace un buen tiempo de alguien que, aunque quizás me ame también, no está disponible. He intentado comprender la muerte de mis abuelos y ese es de mis mayores problemas: ninguna letra al respecto me convence ni satisface ni facilita el entendimiento de cómo seguir, de donde se va luego. Mientras tanto he intentado tapar mis vacíos con hombres, carreras, trabajos. Sigo vacía y también, rota. Hay algo distinto a la Flor que escribía en 2014 con 13 años: ella soñaba mucho más y contaba con, al parecer, menos miedos y mas hambre de vivir y expresar. Pero algo sigue igual: no comprendo en absoluto a los humanos y creo que, menos que en ese entonces. El mundo se vuelve mas estupido cuanto mas intentas entenderlo y yo soy parte de él; por ende, una estúpida mas. Debo declarar que no ha sido nada fácil adultecer. De eso trata este blog y mi regreso a las letras. Soy la primer hoja en blanco de un libro nuevo en mi interior. ¿Alguien sabe si es correcto comenzar a escribir a los 23?

Este regreso equivale a un comienzo para mí. Se da que estoy de licencia laboral con un diagnóstico de salud mental y con nulas motivaciones para vivir. Todo este tiempo no he hecho mas que vivir frenéticamente en la vorágine y he logrado seguir existiendo gracias a otros: a contener a otros, a cumplir los deseos de otros, a amar a otros y a mirar a otros. Existiendo; no asi viviendo. Y resulta que el sentido de nuestro existir (lograr vivir) se encuentra solo en uno. Entre tanto comencé algunas cosas por mi: encontré un taller de pintura que me ha acompañado en un poco de lo que soy y sigue atrapado: aún busca cómo desenvolverse en la materialidad; he colaborado en un barrio (villa en Buenos Aires) con toda mi ternura para con el mundo; he comenzado tarot para develar lo que todos intentan esconder bajo la alfombra y he sacado muchas fotos para atesorarlo todo. Soy un poco de pincel, un poco de tierra, un poco de magia, y ante todo muy observadora. Pero hay algo que siempre, SIEMPRE me ha acompañado y atravesado en todos estos espacios, en todo este dolor que es vivir y en todo ese corazón que ha sentido y reprimido tanto hasta necesitar esconderse en la casa de sus padres como hoy: las palabras. Ellas son infinitas en mi mente y han estado escribiendo allí novelas y cuentos. Han intentado salir a través de mil maneras y las he alejado por creer que mi mente era un lugar más incomprendido que el mundo pero... qué mas da. No se puede aprisionar por mucho tiempo lo cierto y lo cierto es que ellas están conmigo en este momento de incertidumbre ante el vivir. Vivir no era tan fácil como creías, Florcita de 13 años. Tendrás que encontrar tu disfraz más genuino y salir al mundo aunque te disguste. Pretendo que las palabras y el mar ayuden a mi florcita a hallarse entre girasoles, jazmines y poesías como las que le escribía a mi abuela cuando era muy pequeña. Sólo así me permitiré ser salvada. 

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